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Racismo Ambiental

sexta-feira, 19 de julho de 2024

Mundos Invisibles

El mundo de un niño negro comienza mucho antes de la concepción. Sus padres son portadores de una historia de vulnerabilidad social, en la que sus generaciones anteriores, sus antepasados, siempre han sido desposeídos y apartados del poder económico. Por su historia, que siempre les ha sido desfavorable, en la que repetidamente se hace referencia a la esclavitud, al comercio transatlántico de africanos, a la historia de personas esclavizadas sin derechos básicos de ciudadanía.

Los negros contemporáneos arrastran esta pesada carga atávica, en la que el violador ostenta los laureles de la victoria y los vilipendiados son marcados y sufren persecuciones de todo tipo, siendo invisibilizados y marginados por el sistema colonial eurocéntrico.

El período colonial brasileño tiene una mancha que nunca podrá ser eliminada de su proceso de formación. La vergüenza de un proyecto de nación basado en la esclavitud, que fue el principal motor de la persona del pueblo brasileño.

La simple condición de "strumento vocale", es decir, "objeto que habla", a la que se refería el derecho romano, condición que recibió un impulso tras la aquiescencia de la iglesia católica, que emitió una bula papal justificando este estado de naturaleza de los negros. Esta perversidad despojó a los africanos esclavizados de su propia alma, su condición fundamental de seres humanos, así como de todas las posibilidades de progreso social y económico en el Nuevo Mundo.

Tras más de 350 años de esclavizar a millones de africanos y afrobrasileños, perpetrando uno de los mayores genocidios de la historia mundial, la población negra vio en el paso de la esclavitud a la libertad un gesto de aquiescencia colonial. La firma de la Ley Dorada, el 13 de mayo de 1888, fue motivo de gran alegría, cuando por fin se escuchó el grito de libertad. Un gesto de alivio al final de la desesperación, seguido de una gran alegría, basada en la nueva realidad que traía consigo un enorme sueño lleno de esperanza.

El despertar del sueño dio paso a una dura realidad, que mostraba que con el fin del proceso de esclavitud, la población negra recién liberada no recibiría ningún tipo de atención o reparación por parte del estado brasileño. Fueron arrojados a las cunetas de las calles de las ciudades y a los retretes de las grutas rurales, sin trabajo, comida ni esperanza.

El proceso de abolición de la esclavitud provocó una herida brutal en el proceso social brasileño. La población negra recién liberada pasó de la degradación humana de los barrios de esclavos a la degradación social de la favela. A partir de ese momento, se creó el mayor proceso de exclusión jamás conocido en la historia de este país, el inhumano apartheid brasileño posterior a la abolición. Tal vez el peor apartheid de todos, porque sin apartheid visible, apartheid silencioso, convenciendo a los negros abandonados y a los blancos acomodados de que el racismo nunca existió en Brasil, de que todos eran iguales, de que el discurso que promovía la igualdad de la raza negra era erróneo, porque sólo existe una raza, la raza humana. A partir de entonces, bajo la mirada cómplice de la joven república, los negros fueron naturalizados como ciudadanos libres en un Brasil donde reinaba la democracia racial.

La imbécil república brasileña empezó entonces a naturalizar el racismo, creando una nación desigual, donde los ríos de la desesperanza y la desigualdad fluían bajo los puentes de la desigualdad. Como los negros buscaban cada vez más formas de sobrevivir, empezaron a especializarse en la prestación de servicios mal pagados y, a falta de otras oportunidades laborales, como empleados domésticos.

La falta de trabajo, el alto nivel de analfabetismo y la ausencia de condiciones de calidad de vida adecuadas para la población negra recién liberada condujeron a lo que tal vez fue el mayor movimiento de aburguesamiento por motivos raciales de la historia de la república. Los efectos de este movimiento histórico aún se dejan sentir hoy en día y, de un modo u otro, repercuten directamente en la vida cotidiana de nuestra sociedad. La población negra, carente de recursos económicos para instalarse adecuadamente en los grandes centros, pasó a ocupar diversas zonas en la periferia de las ciudades o en las laderas de las colinas, especialmente en la ciudad de Río de Janeiro.

Cuando se instalan en estos territorios degradados, abandonados por el gobierno, empiezan a vivir en chabolas sin estructuras mínimas de vivienda, sin saneamiento básico y en condiciones mínimas de dignidad. Estos territorios, abandonados por el gobierno, siguen estando degradados medioambientalmente y discriminados socialmente. En estos territorios, el Estado sólo suele aparecer con la policía, que lleva a cabo diariamente acciones violentas y peligrosas, exponiendo a la población local a grandes riesgos para su integridad personal o cometiendo el instituto de la necropolítica, que es la eliminación física de los ciudadanos bajo el consentimiento de la ley.

Cuando firmó la Ley Dorada que puso fin a la esclavitud en Brasil, el gobierno brasileño debería haber planificado un conjunto de programas que pusieran en marcha diversos proyectos para la inclusión de la población negra recién liberada. Lo primero que debería haberse era incluir los costes de estos proyectos en el presupuesto público. Sin embargo, desde tiempos inmemoriales, cuando las instituciones brasileñas han organizado el presupuesto público, éste se ha orientado exclusivamente a la promoción de la burguesía. Los pobres no están debidamente incluidos en el presupuesto público, en la medida en que el presupuesto es elaborado por el gobierno y aprobado por el Congreso Nacional, ambos sectores dominados y ocupados por la élite nacional blanca, que siempre ha sido conservadora, reaccionaria y exclusivista.

El presupuesto público determina cómo, cuánto y cuándo se gasta el dinero público. Si hay una fuerte inversión en educación, el país producirá un pueblo culto, creativo, inteligente, soberano y consciente. De lo contrario, tendrá un pueblo con dificultades cognitivas, sin acceso al conocimiento y a la enseñanza académica. En este sentido, si se le niegan las herramientas básicas para interpretar a la ciudadanía, puede ser fácilmente manipulado por gobernantes malintencionados y corruptos, que construyen sus corrales electorales a través de informaciones falsas e insidiosas llamadas "fake news", que se disfrazan de comunicación oficial. Con la capilarización de esta información distorsionada, los políticos aumentan la ignorancia popular y su sed de poder.

Cuando un país no invierte mucho en educación, sin duda tendrá que soportar un alto coste en el futuro con sus programas sociales, su seguridad y su sistema penitenciario. El resultado será una generación privada de oportunidades de ascenso social, que se convertirá en el contingente perverso y sufriente del ejército laboral de reserva. La falta de oportunidades en el mercado laboral también conduce a un aumento de la delincuencia, una condición que ha convertido a Brasil en el tercer país del mundo con mayor población carcelaria. Esta infame condición social tiene índices vergonzosos y preocupantes.

El Censo del IBGE de 2019 muestra que la raza negra representa el 52% del componente demográfico de la población brasileña. Sin embargo, en la población reclusa, según el XIV Anuario Brasileño de Seguridad Pública, la población negra representa el 71% de todos los reclusos del país. Por lo tanto, podemos darnos cuenta sin demasiado esfuerzo de que las prisiones están construidas para los negros. Al igual que las escuelas públicas, que son saqueadas y cuyo funcionamiento se ve comprometido por la violencia local cotidiana, los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo de los profesores y demás trabajadores de la comunidad escolar.

La madre negra de un niño negro periférico no tiene medios económicos para contratar un plan de salud que garantice la comodidad, tranquilidad y rapidez de los hospitales que ofrece la red privada. La red privada siempre ha ofrece la tranquilidad de profesionales, equipos y procedimientos como cirugías, consultas y exámenes, todos realizados de forma profesional, a tiempo y con excelentes resultados en general. El embarazo de una mujer negra de la periferia será controlado en hospitales públicos, empobrecidos, generalmente carentes de profesionales a disposición de la población, sin medicamentos gratuitos y con instalaciones en pésimo estado de conservación en términos arquitectónicos y de equipamiento. Estas unidades no reciben el mantenimiento necesario, lo que ofrece graves riesgos a las parturientas, como adquirir una infección hospitalaria grave. Las mujeres negras también sufren un acoso silencioso durante el embarazo, que sólo recientemente ha salido a la luz: la violencia obstétrica. A pesar de todos los obstáculos que presenta la vida en el vientre materno, el niño negro viene al mundo y produce una burbuja de amor y afecto en el seno de la familia. Ese niño es portador de una esperanza renovada para sus padres, su familia y su comunidad. Cada niño negro nacido en territorios negros es un faro de esperanza en un mundo mejor. Sin embargo, de acuerdo con la inexorable velocidad del reloj de arena del tiempo, su mundo empieza a parecer diferente, porque sobre su cuna hay un juego tradicional, pero este juego tradicional trae ángeles en móviles, pero no hay móviles con angelitos negros. Así que, incluso en la cuna del bebé, el mundo cruel del racismo, del eurocentrismo, acoge a ese niño. No podrá reconocerse desde la cuna con angelitos blancos en el móvil. Con almohadas y sábanas con símbolos lúdicos de personajes blancos, eurocéntricos, construyendo en su tenue y curiosa personalidad un mundo blanco donde debe vivir y aceptar su no representatividad como ser humano perteneciente a esa sociedad, a ese territorio.

Ese niño negro crecerá feliz, porque en su inocencia no se da cuenta de que su mundo real estará siempre precedido por un mundo invisible, que lo mantendrá cautivo en un campo de contención indetectable durante la mayor parte de su vida. Sin embargo, en sus primeros años, este campo será tan sutil, delicado y tradicionalmente aceptado que para ella es el mundo real en el que está inserta y en el que debe vivir.

Sin las referencias tradicionales de su etnia, los niños crecen absorbiendo la cultura eurocéntrica, cuando la palabra correcta debería ser aceptando la cultura que se les impone. De hecho, este es el mundo invisible, un mundo oscuro y cruel que socava silenciosamente su autoestima, donde sus vidas son lentamente masacradas desde el nacimiento hasta la muerte.

Ese niño negro se está desarrollando intelectualmente de forma normal, viviendo la realidad de otros niños negros que son inexorablemente bombardeados a diario por el capitalismo blanco que no tiene corazón. El capitalismo tiene en su génesis la codicia de la dominación, del control social y del mantenimiento del poder político y económico. El sistema no piensa en cambiar su brío ontológico de control imperial ni, menos aún, incluir el componente negro en sus espacios y productos de difusión y comercialización. El capitalismo incentiva el consumo de productos y servicios eurocéntricos en sus poderosos medios de comunicación como la radio, el cine, la TV, Internet y otros medios, garantizando el mantenimiento de la matriz étnica eurocéntrica, aunque no sea predominante en esos territorios.

Las organizaciones del Movimiento Negro fomentan la producción de productos y servicios con una referencia étnica negra. Algunas instituciones, como Abayomi, producen muñecas negras, una excelente alternativa que puede contribuir a reforzar la autoestima de las niñas negras. La literatura infantil afro-referenciada ha producido mucho material, como libros, folletos y juegos, centrados en personajes negros.

A partir de cierto momento de su desarrollo, el niño negro empieza a participar en la vida cultural de la comunidad, y el mundo invisible permanece a su alrededor, constante y perenne. Una vez dejadas atrás las asimetrías de los angelitos negros, vuelven a enfrentarse al mismo problema, sólo que parece que los angelitos blancos han crecido y se han convertido en santos adultos a los que se venera en las iglesias de la comunidad. El niño se enfrenta entonces a la estimulante realidad de que los santos son blancos y que Jesucristo, aunque nació en Oriente, es representado como rubio con ojos azules y que el Dios omnipotente es blanco con barbas blancas. En las clases de formación religiosa de los domingos por la mañana en las iglesias, no se hace referencia a personas negras en su ascendencia. Le presentan a un Dios blanco que castiga, flotando entre las nubes con largos cabellos blancos y barbas blancas, rodeado de angelitos blancos con alas blancas. Para ese niño negro, lo sagrado, la santidad, es una deferencia, un espacio preferente que Dios ha elegido para los blancos, porque están destinados al cielo y a la presencia eterna de Dios, Jesús y María. Los blancos serán perdonados de sus pecados y podrán ascender tranquilamente al reino de los cielos.

El desarrollo de ese niño negro será un corolario de inconformismo y sufrimiento en un país de matriz multirracial. En los libros de cuentos, ella non o encontrarás ningún rey, reina, príncipe o princesa negros. Aprenderás que la bondad, la generosidad y la realización espiritual se encuentran en los valores caucásicos.

El niño negro está creciendo y es hora de empezar la escuela. Es un momento de gran alegría y expectación para ellos y toda su familia. En su pura ingenuidad, no son conscientes del mundo invisible que les espera con todas sus salvaguardias eurocéntricas. Su entrada en el mundo real suele ser a través del choque social de las escuelas públicas, donde los profesionales luchan valientemente por ofrecer una educación de calidad que permita a ese niño competir en igualdad de condiciones con las costosas escuelas públicas de la burguesía blanca. Ese niño está bajo la coordinación cognitiva del mundo invisible, donde se le dice que con su esfuerzo y dedicación podrá cumplir todos sus sueños, lo único que tiene que hacer es comprometerse a aprender en el entorno académico. El niño emprende feliz un viaje que invariablemente le será adverso durante la mayor parte de su vida.

A partir de ese momento, comenzará la lucha titánica entre el mundo invisible y el mundo visible. El mundo invisible, en su más pura perversidad, le mostrará un panorama maravilloso que podrá conquistar si tiene disciplina y obediencia a los valores impuestos por la sociedad eurocéntrica. Es como esa imagen del burro con un palo atado al cuello y una zanahoria en la punta del palo delante de él. El burro camina eternamente intentando alcanzar la zanahoria, pero nunca lo consigue.

Ese niño negro pasará gran parte de su vida buscando la zanahoria dorada de sus sueños sin poder conseguirla nunca, porque el premio a una educación de calidad reconocida por el mercado profesional sólo se ofrece a los niños blancos de la élite y la clase media. Nacen con ventaja competitiva en una amplia gama de ámbitos, como la nutrición, un entorno familiar moderado, viviendas espaciosas en barrios organizados, con seguridad y acordes con sus necesidades. También tienen una excelente estructura familiar, acceso a equipos de comunicación eficaces, acceso a la cultura y a los bienes materiales.

Algunos de esos niños negros abandonan a mitad de camino. Muchos de ellos no pueden afrontar la transición de la escuela primaria a la secundaria y pasan al subempleo en el mercado laboral, porque su familia no puede hacer frente a un miembro no productivo que necesita comida, ropa, medicinas y cosas por el estilo.

El mundo invisible en su crueldad inicia la formación de un ejército de mano de obra disponible que permite al capital ofrecer bajos salarios en sus corporaciones económicas a una masa de desempleados que sueñan con un lugar en el mercado laboral, o un lugar bajo el sol como se dice. Una vez más, el mundo invisible se manifiesta en su cruel política generando una inmensa competencia entre los que no tienen nada, impidiendo así la sedición y fomentando la rebelión a través de un movimiento popular organizado por la justicia social y la igualdad. Con este sórdido mecanismo, el mundo invisible mantiene al "rebaño" ocupado en colocarse en el mercado laboral y no en luchar por mejores condiciones de vida o incluso de supervivencia.

El mundo invisible es muy activo en la vida escolar y académica de la población negra. En su pérfido refinamiento, prepara a los hijos de la burguesía blanca para ocupar espacios de poder en la sociedad. Las escuelas de élite son extremadamente caras y siempre han sido el principal obstáculo para que los jóvenes negros puedan acceder a una educación de calidad, que les garantice una posición destacada en el mercado laboral o el acceso a universidades públicas de calidad.

Al construir este muro invisible de acceso, el mundo invisible garantiza la perpetuación de su existencia, que es la existencia de la élite. Es la forma más sutil e inteligente de racismo que existe, porque induce a la sociedad en general a creer que los medios de acceso son justos, democráticos y meritocráticos.

El sistema que destruye la autoestima de los negros a través del mundo invisible comienza en los primeros cursos de la escuela, donde los niños negros reciben los peores insultos posibles, destruyendo su autoestima y generando un sentimiento de inferioridad que en muchos casos les acompañará el resto de sus vidas.

El sistema del mundo invisible es cruel en el entorno escolar. A pesar de los tímidos esfuerzos, nada puede detener la fuerza de su proyecto. La formación del profesorado debe invertir lúcidamente en la deconstrucción del racismo, en la Alfabetización Racial y en la descolonización eurocéntrica arraigada en nuestra sociedad. La cultura no es sólo la construcción de acontecimientos y espectáculos. La cultura es la forma en que vive un pueblo, sus legados, su ascendencia, sus costumbres, su constitución como nación. Como resultado de una formación incompleta en la matriz étnica brasileña, el profesorado de las instituciones educativas generalmente repite al unísono y difunde los valores tradicionales de la sociedad aristocrática burguesa, causando así daños irreparables en la formación y el desarrollo de sus alumnos, sean blancos o negros.

Los jóvenes negros crecen intentando superar el racismo que puebla su vida cotidiana. Cuando traspasan la barrera de la infancia y entran en la preadolescencia, entran en contacto con el mayor dolor que pueden sentir como seres humanos, que es el rechazo del amor de un enamorado. Envueltas en las tramas del mundo invisible, no se dan cuenta de que el color, la melanina, la epidermis, serán a partir de entonces un factor decisivo en sus relaciones afectivas. Las chicas están encantadas y se enamoran del chico rubio, de ojos azules, con mayor poder adquisitivo y una familia económicamente estable. En muchos casos son animadas por sus padres a probar una relación afectiva con chicos con estos atributos. Los jóvenes negros no son la opción preferida de las chicas blancas y, como han sido educados con un adoctrinamiento eurocéntrico, empiezan a desear a las chicas blancas en detrimento de las chicas negras de la escuela o de la comunidad. Así que el mundo invisible se vuelve aún más poderoso, porque hace que las personas negras se rechacen a sí mismas rechazando a otras personas negras y queriendo experimentar la imposibilidad de una relación emocional con una persona que es diferente a su etnia. Una persona negra a la que, en ciertos aspectos, repudian. Por otra parte, las chicas negras sufren el racismo de diferentes grupos étnicos y, tristemente, de sus iguales. Esto crea un trastorno en la comprensión emocional de estas personas tan jóvenes que ya tienen que gestionar el dolor del rechazo por sus características étnicas. Una etapa más superada por el mundo invisible, donde masacra la autoestima y la fuerza de representación de la juventud negra. Entonces, en muchos casos, se produce el peor sentimiento: sentirse feos por ser negros e incluso rechazar a sus padres por ser negros. Rechazan su pelo rizado, su piel negra, su estatus social, su comunidad y su cultura, y empiezan a anhelar algo que nunca podrán conseguir, que es ser blancos. El resultado puede verse años después en matrimonios y relaciones maduras, donde siempre surgen chispas de las cenizas de la adolescencia y los amores platónicos.

Algunos de esos niños negros consiguen entrar en los cursos de enseñanza superior, donde el embudo de admisión es muy estrecho y son necesarios algunos mecanismos de discriminación positiva para garantizar la entrada de los negros en las universidades públicas, donde hay una lucha desigual por las plazas en sus cursos, todos ellos excelentes. El sistema de cuotas raciales ha garantizado un aumento significativo e histórico del número de jóvenes negros en las universidades públicas. Sin embargo, la burguesía sigue manteniendo algunos nichos intactos para sí misma, como los cursos de medicina, ingeniería, derecho y administración, por ejemplo. La mayoría de los negros optan por las ciencias sociales, donde la competencia no es tan feroz y pueden convivir pacíficamente con un grupo étnico más diverso y menos excluyente.

El mundo invisible sigue operando intensamente en las universidades. En primer lugar, selecciona candidatos de universidades de excelencia con coeficientes de rendimiento muy elevados para los mejores puestos. Luego empiezan a exigir otras competencias, como el dominio de idiomas, diversas habilidades específicas y redes de contactos probadas. Al final, dan prioridad a los títulos de postgrado de universidades extranjeras del hemisferio norte, imposibilitando así que un joven pobre y negro de clase baja consiga un empleo en una empresa puntera.

Los licenciados universitarios negros lucharán valientemente por un lugar en el mercado laboral, que siempre dará prioridad al fenotipo masculino caucásico. Muchos de estos titulados universitarios negros, al darse cuenta de la realidad del mundo invisible, se verán obligados a asumir la etiqueta de "emprendedores", lo que significa utilizar sus conocimientos adquiridos con tanto esfuerzo y su inmenso sacrificio en actividades no remuneradas, en las que su producción les garantizará un medio de vida. El mundo invisible también opera a nivel gubernamental y ha creado el SEBRAE, que no es más que una válvula de escape para la olla a presión que es la alta tasa de desempleo del país. La ilusión de emprender en un país de miserables es la visión más cruda del fracaso de un proyecto nacional estructural.

Los indicadores de la población negra en relación con el mercado laboral son aterradores. Según el IBGE, en el primer trimestre de 2022, el 43,3% de las mujeres negras empleadas tenían trabajos informales, mientras que la tasa para las mujeres blancas era del 32,7%. Según la investigadora Janaína Feijó, que utilizó microdatos del PNADC/IBGE, hay cerca de 48,8 millones de mujeres negras trabajando, pero sólo el 41% de ellas consigue encontrar un lugar en el mercado laboral, ya sea buscando trabajo o haciendo algo.

La vieja cantilena del racismo estructural de que todo el mundo es de raza humana y que el mérito definirá el destino de una persona se desmorona cuando profundizamos en los indicadores raciales de la población brasileña. Karl Marx definió la lucha de clases como uno de los fenómenos más importantes de la historia. La lucha de clases define el ambiente en el que los seres humanos desarrollarán sus capacidades. La población negra ha ocupado históricamente los territorios más degradados, racializados ambientalmente y dañados logísticamente. Las comunidades periféricas donde vive la población negra son como campos de concentración contemporáneos, vigilados legalmente por el Estado, que envía diariamente sus aparatos de represión para una guerra sin fin, sin perdedores ni vencedores, que sólo sirve para para mantener a la población como rehén y acorralada por la violencia. Los niños de estos territorios ven destrozados sus universos lúdicos por las metralletas de la represión o el narcotráfico. Cómo se puede esperar que vayan bien a la escuela si dos horas antes de ir a clase estos niños están atrincherados bajo sus camas, protegiéndose de las balas perdidas de los tiroteos diarios entre la policía y los narcotraficantes.

Además de las condiciones ambientales profundamente adversas, ese niño siempre será comparado con los niños blancos de clase media. El racismo estructural, astuto y cobarde como siempre, construirá para siempre el discurso de la raza humana y de la meritocracia, como si el fracaso o el bajo rendimiento del niño o del joven negro fuera única y exclusivamente su responsabilidad. De esta forma, la cuota racial de prácticamente el 100% de todo lo que es bueno para los blancos está garantizada en Brasil desde el siglo XVI.

Finalmente, después de toda una vida de lucha, enfrentándose a mil molinos de viento, esa niña negra llena de sueños y alegrías llegará al final de su vida mutilada, cansada, dependiente de la medicina pública. Listas de asistencia para proyectos como Ticket Gás, Bolsa Família, Minha Casa Minha Vida, Luz na Escuridão, viendo a hijos y nietos depender de cuotas raciales, Prouni y Fies para alcanzar su sueño de la universidad. Y constata que la desigualdad continúa como antes, lo que tal vez sea un proyecto de las élites para poder continuar con sus privilegios.

Ese niño negro, ahora con canas en las sienes, mira hacia atrás y lo que puede aprender de su viaje es que los negros siempre estarán solos. Todo el esfuerzo realizado durante toda una vida de penurias y sufrimientos ha servido para promover a la burguesía blanca, que siempre trabajará por sus propios privilegios.

Ese negro de pelo gris se ha dado cuenta por fin de que nunca se sentará a la mesa principal del banquete. Siempre será el sirviente de cuello duro que espera las órdenes de los comensales. Recogerá las sobras que le tiren los comensales, como una limosna, como las sobras sin usar de la casa grande que nunca ha sido demolida en nuestra sociedad.

El balance es triste, pero se sigue suavizando en los círculos de samba de la comunidad, jugando a las cartas con los amigos, tomando una cerveza los domingos, paseando con los nietos, yendo a la iglesia, haciendo una barbacoa en la losa. Por increíble que parezca, los negros encuentran la fuerza en la adversidad para sonreír, cantar y bailar samba, en un notable ejemplo de resiliencia y esperanza. Por eso los niños negros nacen con esperanza. La misma esperanza que Cristo, que vivió en la pobreza pero llevaba la salvación en su corazón. Los niños negros cumplen la misma misión cuando nacen en un mundo en territorios negros. Son el mayor signo de esperanza que puede recibir una comunidad.

A pesar de todas las esperanzas y deseos, el movimiento ciclotímico del racismo estructural seguirá jugando a ser Dios, dictando y controlando destinos, hiriendo corazones y mentes, engañando y prometiendo el paraíso en la tierra a millones de hombres y mujeres negros esperanzados. El mundo invisible prometerá metas de prosperidad, hará brillar los ojos esperanzados del pueblo negro, del honesto pueblo negro que, desde 1532, ha sido engañado, humillado y explotado por un sistema económico monstruoso e insensible que convierte a los seres humanos en despojos de vida, aplastando y triturando sus destinos, sueños, esperanzas y futuros.

Ese niño negro se cansó de luchar y después de pasar por una vida profesional alimentada por el subempleo, donde lo que le ofrecían eran ventas de participaciones en pirámides financieras, planes de salud, ayudantes de obra, mecánicos, conductores, dependientes, repartidores, empleados domésticos, o los escalafones más bajos de la función pública, que es el último refugio de consuelo que pueden encontrar los negros antes de despedirse de esta vida.

Entonces llega por fin el momento de que ese niño que vino al mundo con tantas esperanzas se despida de la vida en una cama incómoda y sin intimidad en las salas superpobladas de los hospitales públicos.

Como no tiene plan funerario, será enterrado en un cementerio público abandonado en las afueras de la ciudad. Su cuerpo negro e inerte será introducido en una fosa poco profunda en un ataúd de tercera categoría, sin que suenen las campanas dedicadas a los bien nacidos.

*Amauri Queiroz es escritor.

quinta-feira, 18 de julho de 2024

Flores e Cores


O poder da imaginação me fez deixar a pobreza alienante e renitente que me consumia, obrigando-me a entrar em um avião ainda bem jovem, para cruzar o oceano rumo ao velho continente, mais precisamente Roma. 
Fui sem medo, sozinho, cheio de esperanças e bolsos vazios de dinheiro, falando muito mal o inglês e quase nada de italiano, hoje talvez não fizesse. 
Meus livros, minhas canções, minha atuação profissional e política são o resultado de uma vida inteira imaginando e sonhando cenários virtuosos. Muitas vezes são sonhos visivelmente impossíveis, como por exemplo, concretizar uma rede nacional de reforço escolar para crianças nas comunidades de periferias mais vulneráveis. Mas esse e outros sonhos sempre me empurraram para a frente, me fazendo caminhar sem olhar muito para trás. 
Penso que nossos alunos precisam cultivar o hábito de sonhar ou aprender a sonhar. Devem compreender que o mundo sempre será do tamanho de seus sonhos. Precisam sonhar e imaginar, crescer e ousar, caso contrário estarão fadados a carpir no mundo plúmbeo da conformidade submissa. Estarão expostos ao risco de compor as tristes fileiras do futuro exército de mão de obra de reserva do capitalismo sólido e produtivo, passando a se tornar parte de um indesejado e triste estoque étnico descartável, como dizem os burgueses.
Docentes também devem sonhar, imaginar e também ousar, caso contrário se tornarão a trava cognitiva dessas crianças em um mundo futuro, onde cumprirão o papel de exterminadores de sonhos, de fomentadores de resignações ao reproduzirem um mundo velho, gasto e encardido que já não existe mais. Tirarão as cores e os perfumes das flores e cultivarão um pântano sombrio e movediço de onde as crianças encontrarão dificuldade em sair para dias festivos e radiantes de luminosidade.
Mas até nos pântanos nascem flores coloridas e perfumadas. Precisamos observar nosso comportamento de maneira estóica, pois, a nossa função primordial é drenar o pântano ameaçador e preparar o solo para depois transformá-lo em um belíssimo jardim.
Cada criança é uma semente que brotará desse jardim. Temos que cuidar dele com sabedoria, pois água demais ou de menos prejudica seu desenvolvimento. Muito sol e muita chuva também, assim como as ervas daninhas que se apressam em proliferam rapidamente. Se não forem tiradas do meio ambiente em pouco tempo sacrificarão todo o jardim.
O lindo desabrochar dessas flores para a vida, são o maior presente que uma mãe pode receber e que uma família pode admirar. Parte desse maravilhoso milagre acontece na sala de aula e no ambiente escolar onde os docentes comprometidos com a sabedoria propiciação mil primaveras sucessivamente , como se nunca fossem parar.

terça-feira, 4 de junho de 2024

A Estranha Modernidade de Bauman e a Liquefação Identitária do Povo Negro

 O Brasil carrega em sua herança histórica a vergonhosa marca de 350 anos de escravidão contínua. Ainda vivemos o tempo em que passamos mais tempo sob a escravidão quedrf sob liberdade. Ainda faltam 214 anos para igualarmos o período que passamos sob escravidão ao tempo que estamos vivendo sem ela, ou seja, em liberdade. A modernidade líquida de Bauman sussurra em nossos ouvidos que população negra está como sempre correndo risco de extinção. Se refletirmos acerca da teoria da “modernidade líquida” de Zigmunt Bauman, poderemos constatar que o fosso social entre brancos e negros é ampliado cada vez mais. Por esse motivo a “liquefação identitária” do povo negro transmutada em conceitos como o colorismo e o pardismo, por exemplo, revela a ressignificação de pertencimentos líquidos, que são atendidos através de sistemas precarizados como saúde e educação públicas, mercado de trabalho volátil e fragilizado por leis trabalhistas que estão sob constantes ataques do neoliberalismo, como a invisibilidade social diante das novíssimas plataformas tecnológicas de produção e gestão de conhecimentos. São sistemas cada vez mais complexos que conectados com a assunção da ainda indecifrável e enigmática Inteligência Artificial, nos apresentam cenários aterradores no que concerne ao futuro laboral do povo negro no século XXI. A modernidade líquida surge, segundo Bauman, no pós Segunda Guerra Mundial, mas só passa a ser percebida na década de 80, quando o mundo era varrido pelos ventos da globalização da economia. O somatório da globalização com a crise do capitalismo e o desenvolvimento das novas fronteiras digitais, culminou com o fenômeno da Internet, que começa a flertar com a avançadíssima operação dos computadores quânticos, onde a humanidade percebe-se perdida, passando a substituir intrigantes posturas sociais como a lógica da moral pela lógica doentia do consumo irrefreável. Para saltar sobre esse abismo, a humanidade passa a relativizar construções sociais sólidas como a família, a cultura do coletivo, as tradições de uma forma geral, optando pela minimalização das decisões da vida, pelo consumismo, pelas relações fluidas e pelo culto às marcas ou grifes que pressuponham ostentação. A noção de trabalho e empregabilidade naufragou solenemente neste novo espaço contemporâneo, abrindo mão do coletivo para dar lugar ao individual, onde em um mundo distópico todos são instados a um tipo de empreendedorismo autofágico, pois ao se tornarem empreendedores de si mesmos, orgulham-se em serem tornados o que se convencionou chamar de “Influencers”. Antes o organizado trabalho sólido gerava alguma acumulação de renda através de um longo projeto de vida que compreendia capacitações e atualizações. Na modernidade líquida o valor maior do fruto do trabalho, além das compensações, são os “likes”, “engajamentos” e seguidores. O que definem o sucesso pessoal e a importância dos indivíduos líquidos na sociedade são os 50 milhões de seguidores da cantora Anitta e não os 150 mil seguidores do Físico e espiritualista Marcelo Gleiser. A modernidade líquida predomina de forma assustadora sobre todos os processos de transformação da sociedade, deslocando o povo negro para uma dimensão insólita, difusa e solitária, que talvez possa significar sua quase extinção através de uma construção social moldada nos ares rarefeitos do alto capitalismo, denominada “estoque étnico descartável”. Quanto mais a tecnologia avança mais os negros se distanciam dela na direção inversa, ficando cada vez mais para trás. É como colocar o negro em uma competição de corrida de 100 metros rasos com outros corredores todos brancos. A diferença é que o negro irá correr com sapatos de chumbo, configurando a desigualdade social e histórica que impede sua progressão natural. Visitando a “Alegoria da Caverna” de Platão, podemos observar que esse novo tipo de modernidade, naturalmente por ser líquida, adquire diversos contornos farsescos, como as chamas que são projetadas no interior da caverna. No caso dos negros, que metaforicamente estão dentro da caverna, o capitalismo através dos seus sistemas de mídia, emula as figuras que determina projetar nas paredes do fundo da caverna, onde vende e seduz a todos com a proposta de um modelo de sociedade, onde o consumo, a individualidade, o consumismo incontrolável e a sede de sucesso giram a roda da existência. Porém, esse modelo de sociedade não está sendo construída para incluir o povo negro. A força de sua gênese capitalista a faz de pronto excludente no nascedouro enquanto que ao mesmo tempo, através da doutrinação líquida, faz o negro estranhar o outro negro, faz o democrata agir despoticamente e o cristão caminhar nas pegadas de falsos profetas. A modernidade líquida se torna estranha ao povo negro, pois ao se basear no consumo arraigado, na individualidade e no empreendedorismo através de sistemas digitais, obviamente está excluindo o povo negro, que de acordo com sua cosmovisão comum, igualitária, cooperativista e solidária. A cosmovisão negra aliada a seus péssimos indicadores sociais e econômicos, não pode participar da grande festa que é a modernidade líquida. Dessa maneira resta-lhe viver à margem da sociedade moderna, sem qualquer tipo de oportunidade, tornando o estado e a lei em conflito com ele e não ao contrário como se diz. A modernidade líquida pode se transformar em mais uma onda de extermínio do povo negro, pois a necropolítica faz parte do seu cardápio de opções. Ao utilizar a pós verdade como fonte de disseminação de ideias, colabora também para o recrudescimento da intolerância com a tolerância, da naturalização do racismo, da criminalização dos direitos humanos e a assunção do nazi fascismo de maneira contundente como acontece nos dias de hoje. Com isso, essa estranha modernidade líquida, contrariando sua conceituação, pode estar levando o mundo do século XXI para a era pré sólida, ou seja, o período medieval. Encontro incompatível de eras que trará de volta ao planeta os momentos de barbárie há muito abandonados e condenados. O fenômeno das violência nas comunidades periféricas, onde a população negra está concentrada de forma majoritária, se manifesta cotidianamente através de todas as agruras da precarização imposta pelo racismo ambiental, pela necropolítica estatal e pelo abandono social que faz recrudescer a violência do narcotráfico e todas as mazelas sociais advindas desse processo aspérrimo e crudelíssimo. Na medida em que mantém o povo negro confinado nesses neo bantustões, a branquitude e o capitalismo garantem para os brancos todo o acesso necessário para o devido aprendizado, domínio e controle operacional das novas tecnologias contemporâneas de gestão. Aos negros e negras restritos ao subemprego, ao desemprego e à composição das fileiras do exército de mão de obra de reserva das bases produtivas do capitalismo, resta esperançar e se agarrar à metafísica ansiando por dias melhores que dificilmente virão. Os indicadores raciais da população negra brasileira são vergonhosos. O racismo estrutural que opera desde o “descobrimento” em 1500 no país, não permite e cria óbices de todas as maneiras, que impedem a promoção social e econômica da população negra brasileira. Em todos os espaços institucionais de poder o povo negro é mantido à distância, posição que se reflete em índices como a representação no Congresso Nacional, onde somente 24% dos parlamentares são negros, sendo que os negros representam 54% da população brasileira. As mulheres negras ocupam 8% do total de congressistas, sendo que representam 28,5 do total da população brasileira. Esses indicadores demonstram que o racismo estrutural procura impedir o avanço da população negra nos espaços de poder. Dados do IPEA demonstram que 18% dos jovens entre 18 e 24 anos estão nas universidades brasileiras, sendo que a representação desse contingente de jovens negros na população brasileira é de 56%. No mercado de trabalho, segundo dados do DIEESE, a população negra representa 9,5% de desocupação enquanto a população branca apresenta indicadores de 5,9%. Dados espantosos mostram ainda que apenas um em cada 48 trabalhadores (as) negros está ocupando cargos de direção. A proporção de negros empregadores é de 1,8% para mulheres negras diante de 4,3% para mulheres não negras. Entre os homens negros o percentual foi de 3,6% para empregadores negros para 7% para não negros. A informalidade dispara entre os negros onde 46% dos ocupados estavam em trabalhos desprotegidos para 34% entre os não negros. No Brasil uma em cada seis (15,8%) mulheres negras ocupadas trabalha como empregada doméstica, que carecem de reconhecimento e trabalham em situações extremamente precarizadas no que tange a direitos trabalhistas e proteção da Previdência Social. As trabalhadoras domésticas negras recebiam um salário médio de R$ 904,00 por mês que representavam um valor de R$ 416,00 abaixo do salário mínimo vigente. Os números demonstram que o estado brasileiro é o grande cúmplice e emulador da estruturação do racismo em nossa sociedade. A vida cotidiana do negro sempre colocado em posições desfavoráveis em relação ao contingente não negro, causa indignação, revolta e principalmente doença, pois o que fica guardado e sem solução, fica retido, gerando dores e sofrimentos, adoece físico e emocionalmente. A indignação da alma negra é fruto da observação cotidiana do racismo estrutural renitente que persiste em nossa nação preconceituosa e hipócrita, gerando desigualdade, desespero e miséria. Bauman descreve com precisão o caráter líquido da modernidade, que se fosse um trem onde os negros viajariam como pingentes. Os estados líquidos da modernidade são propícios e voltados para a branquitude que possui preferência na obtenção de privilégios e oportunidades pois controlam o capital e os espaços de poder . É como brincar de viver em um mundo onde tudo se faz e liquefaz num piscar de olhos: relacionamentos, empregos, espiritualidade, territórios, cultura, educação, saúde, amores, direitos e democracia. O povo negro ainda está atado aos conceitos sólidos da revolução industrial, do materialismo histórico e quiçá da luta de classes. A modernidade líquida, enquanto provocação histórica, é mais um movimento de marginalização da população negra, que não convive com as novíssimas e espertas abordagens sociológicas da branquitude. No fundo, essa estranha modernidade de Bauman, pode causar o aprofundamento do antagonismo das cosmovisões das etnias branca e negra, que seguem em refregas subsuperficiais, como placas tectônicas da alma nas profundezas do existir. Apesar de conter inúmeras boias de sinalização interessantes, no fundo são aspectos geradores de desigualdades, que chegam como vigorosos tsunamis nas praias existenciais do povo negro. As ondas da modernidade líquida chegam às praias da negritude varrendo todas as construções sólidas que encontram pelo caminho, causando mais desesperanças com a liquefação de suas estruturas emocionais. Com o aprofundamento da desigualdade há um aumento previsível da violência, onde se presume que se continuarmos a caminhar nessa direção jamais haverá justiça social e onde não há justiça social é impossível alcançar a paz necessária e da qual estamos tanto precisados.

quarta-feira, 29 de maio de 2024

A Beleza Verdadeira

"O primeiro gole do copo das Ciências Naturais o transformará em um ateu. Mas no fundo do copo Deus estará lhe esperando". (Werner Helsenberg, pai da Física Quântica) 

O capitalismo e sua filha dileta ɓ branquitude, criaram para o povo negro uma proposta de cosmovisão similar como a que foi apresentada no livro 07 da República de Platão, denominado “Alegoria da Caverna”. Através de uma engenhosa trapaça intelectual, os mentores da branquitude arquitetaram uma armadilha para o povo negro. Elaboraram a construção de um mundo falso e imaginário, onde seres humanos despidos de seus direitos e com suas humanidades retiradas passassem a coexistir pacificamente, sem o instituto da rebelião, em um ambiente perverso, segregador, excludente e violento. Um ambiente onde martírios, sofrimentos, dominação e a exploração de seres humanos servissem como pano de fundo para enriquecimento e poder de uma Europa racista, ambiciosa e colonialista. Uma Europa fundamentada na razão míope e dependente da exploração,  a mesma razão baseada em retóricas sofistas como as de Górgias de Leontini e Tísias de Siracusa. O conjunto de teses pseudo científicas erigiu os pilares da Frenologia e da Antropológica Forense, desenvolvidas por Franz Joseph Gall (1758–1828) e pelo italiano Cesare Lombroso (1835-1909) que teceu a teoria do “reo nato”, baseado na crença que características físicas eram responsáveis pela opção ao crime por parte de africanos e afrodescendentes. Obviamente que essas pseudo ciências serviram como suporte para a caracterização do negro como uma pessoa propensa à criminalidade e ao estado de barbárie. Essas teorias consolidaram e justificaram o processo de invasão e conquista de novos territórios que seguiam em seu curso natural  até o século XV. Construíram a falsa ideia do fardo que o povo branco europeu deveria carregar ao levar civilização aos povos negros, asiáticos e ameríndios, para eles povos bárbaros e carentes de cristianização e civilização. 
A cosmovisão criada para substituir a própria cosmovisão dos negros, a fantástica cosmovisão africana, passou a projetar imagens de um mundo falso, onde propalaram que o desenvolvimento de uma sociedade diferente da européia estaria fundamentada e propensa às trevas do cativeiro e não na luz da liberdade e da justiça. 
Os poderosos donos do capital e gestores da economia global querem que aceitemos a subalternidade jumana dentro de um cenário de hierarquização racial e compreensão da naturalização da miséria como um “ethos constitutivo da alma negra”. Destacando que a população negra deve viver de maneira pacífica e ordeira, mesmo que em completo abandono por parte do estado, sofrendo em comunidades ambientalmente degradadas, dominadas pelo terror do narcotráfico e eivadas por todas as formas de violências e arbitrariedades. A xenoafetividade interracial cultuada pela branquitude, propõe a aceitação da dialética da emancipação através da alienação como proposta de uma visão afro-futurística enviesada, onde em desarvorada ciclotimia paira o paradigma freiriano diversionista do deleite entre senzala e casa-grande. Infelizmente nossos destinos ainda permanecem nas mãos das elites herdeiras desses mesmos brancos poderosos e fundadores das capitanias hereditárias, que fizeram fortuna através da escravização e do tráfico negreiro dos tempos coloniais. Apesar da contemporaneidade, eles ainda nos iludem com uma matrix anódina, distópica e difusa, matriz de triste espectro, geradora de óbices antropológicos que nos mantêm atados aos horrores do passado, mesmo estando atentos e vivos no presente. Impuseram-nos antolhos antropológicos como fizeram com os personagens da caverna de Platão. Antolhos que nos foram colocados no passado, quando desde então e desse modo, ficamos impedidos enquanto grupo étnico descartável socialmente, de ver e atingir a luz da verdade e do conhecimento, que impera fora do ambiente bruxuleante da caverna e do qual estamos desesperadamente precisados. O desafio que nos instiga é a possibilidade de alcançar a verdadeira utopia libertadora, que se pode antever no materialismo histórico de Marx, centrado na dialética que coloca o ser humano como seu próprio protagonista, produzindo ciência, construindo pensamentos e visões de mundo, flertando entre o xamanismo de Krenac, o existencialismo cristão de Soren Kierkegaard, o ateísmo humanista de Ludwig Feuerbach e o niilismo de Nietzsche, levando Deus às catacumbas, ao decretar a morte do ser divino gerado pelos humanos. A morte do Deus cristão expõe a falibilidade e a miserabilidade humana, omde através da metafísica mítica impõe culpa e pecado, determinando céu e inferno como uma grande ameaça para o pobre e sofrido espírito humano. Uma construção engendrada pelos próprios humanos, tentando explicar uma transcendência inexplicável. Assim colocaram a humanidade no carrossel epistemológico de um carcomido e velho proselitismo religioso. O estado de contrição advindo desta elaboração infundada retira o ser humano do lugar de concretude e materialidade desejado, do qual é sempre é afastado, para que possa cumprir seu triste fado de ser cativo de uma imanência transcendente imposta como padrão existencial natural que deve ser representado na sociedade. Lugar triste em demasia que nos retira da verdade, do que é palpável, do que estamos deveras precisados. Chega em boa hora e em alvíssaras o tempo que nos clama a deixarmos a caverna, onde a branquitude eurocêntrica nos colocou. Chegou o tempo de emprenhar um “ser negro” novo, com novas hermenêuticas, sem as amarras traiçoeiras do racismo estrutural e da retro negritude. Chegou o tempo de refletirmos sobre as rotineiras narrativas trombeteantes que afirmam que ‘negro é lindo’, ‘tudo negro é lindo’. Talvez seja ousar caminhar por trilhas estranhas, que talvez possam ser a metavisão da cosmovisão, que pode se tornar uma representação insidiosa de uma antro polissemia, componente de um difuso mosaico interiorizado e entranhado em um contexto étnico branco e burlesco, que propõe situar o negro em uma dimensão existencial de clivagem epicurista. 
Abraçar a proposta que é apresentada, significa a mesma coisa que mergulhar em um mar sombrio e difuso, repleto de tubarões brancos, vorazes e famintos. Esse “lindo” tão propalado sempre foi uma construção eurocêntrica, com ênfase na matriz hedonista de dimensão helenística, construtora da beleza artificial do corpo branco, no qual não devemos nos inspirar e pela qual, pelos mais subjetivos motivos, não devemos nos interessar por ela. A representação real do lindo construído pela branquitude se espraia de maneira hegemônica nos espaços midiáticos e nos espaços de poder, onde nós os negros não encontramos representação. A realidade apresenta um cenário farsesco sobre o lindo, onde de alguma maneira estamos inseridos, de onde precisamos sair e cerrar esta porta definitivamente. A tentativa de apagamento da pulsante e excitante cosmovisão africana e de sua formidável teogonia com suas culturas exuberantes, foi junto com a escravidão, um dos maiores crimes de lesa-humanidade cometidos pelos colonizadores em África. O universo em seu grandioso poder e magnificência, não distingue as pessoas pela pigmentação da pele e tampouco se importa com elas. Para a criação universal todos os seres humanos são o que devem ser, fazendo parte da infinita teia energética universal, um ambiente relativístico/quântico, onde os seres humanos e seu planeta Terra, são proporcionalmente em relação ao tamanho do universo observável, menores que um simples grão de areia. Baseado em uma perspectiva lógica e compreendendo até um viés metafísico, todos os seres humanos são lindos, não por comparações ou diferenciações fenotípicas, mas sobre o que Baruch Spinoza quis dizer acerca da possibilidade panteística da imanência de um poder divino, e não por uma antropomorfização de um Deus perverso e vingativo, que condena a divindade a passar todo o seu tempo cuidando dos problemas comezinhos das pessoas comuns e pueris, em dias comuns em um planeta inexpressivo e frágil de uma galáxia escanteada na imensidão universal.Todos os seres humanos são lindos porque a vida é linda em todas as suas configurações. Sua indescritível beleza posta-se imperiosamente acima de todos nós, estando absoluta e indisponível ao limitado e parvo conhecimento humano. A vida bariônica e senciente como a nossa, como a dos seres humanos de agora no planeta Terra, surge como um evento raríssimo no universo, onde ainda não encontramos nada semelhante entre tantos milhares de mundos, silenciosos, gélidos e mortos. Precisamos refletir e quem sabe até abandonar essas construções burguesas de “Pequeno Príncipe Negro”, “Cinderela Negra” e coisas semelhantes do afrolúdico. Tudo faz parte de uma construção da alma branca, para as mentes brancas e para um mundo branco, provavelmente sem contornos raciais eugenistas na concepção. Os autores dessas fábulas e contos infantis não pensaram nem cogitaram encantar crianças negras quando criaram esses personagens do imaginário infantil. Pensaram em seus mundos caucasianos, em suas fábulas e suas origens atávicas. Ao tentarmos demonstrar alguma alteridade comparativa da realeza negra com a realeza branca, talvez estejamos correndo o risco de utilizar os mesmos mecanismos excludentes do eurocentrismo, convertidos pela e para a pele negra, para a negritude. Os sistemas imperiais e aristocráticos são originalmente excludentes e despóticos em suas essências. Ambiência onde seres humanos normais se dizem ungidos por divindades e baseados em suposições metafísicas, desenham um modelo de exploração do povo visando manter uma casta de mandriões inúteis e preguiçosos, refestelados no poder às custas do sofrimento das populações pobres e vulneráveis. Ao exaltarmos os reinos africanos da antiguidade e até da modernidade, como estética comparativa, estamos, como nos alerta a transvaloração de Nietzsche, referendando um sistema social de rapina, que avilta a soberania popular como sempre faz os sistemas capitalistas da branquitude. Fazemos então, senão reproduzir as antigas sombras platônicas, projetadas pelas chamas bruxuleantes nas paredes da caverna de nossas existências negras, colonizadas pelo proselitismo do cristianismo e suas vertentes espirituais. A verdadeira beleza de cada ser humano está dentro de si próprio, não podendo ser vista a olho nu. Um fantástico interior onde em entropia endógena milhões de universos interagem em gozo e fúria, simultaneamente, fazendo a vida acontecer de maneira espantosa e indescritível. Apesar da dialética travada entre biogênese e abiogênese, a vida explode em seu esplendor primordial onde o amálgama de átomos, elétrons, prótons, nêutrons, pósitrons, quarks, leptons, bósons, férmions, neutrinos e mésons interagem com proteínas, mitocôndrias, lipídios, sais, fósforo, nitrogênio, hidrogênio, enxofre, glicídios, células, impulsos elétricos, fibras musculares e DNA mitocondrial entre tantas outras milhares de interações que extasiam e executam a sinfonia quântica, através da contradança da criação, do existir. Ah! Quanta glória! receber o sopro divino em um universo que nos faz viver gigantes e ao mesmo tempo partículas, nos apresentando o idílico milagre do desabrochar da vida. Jung disse que nossa psiquê é estruturada de acordo com a estrutura universal e o que ocorre no microcosmo também acontece nos infinitesimais e mais subjetivos alcances da mesma psiquê. Carregamos inúmeros universos quânticos e relativísticos, todos imensamente vazios e ao mesmo tempo repletos e intensos em força e poder. São sistemas potentados, carregados pelas energias primordiais que vieram da fusão nuclear no interior das estrelas desnudas, que se atiraram despojadas universo afora, em uma marcha inexorável que nunca terá fim. Isso sim é lindo demais. Todos nós somos lindos demais, filhos e filhas dessa grande criação misteriosa forjada nas fornalhas das grandes estrelas que explodiram em tempos imemoriais. A frágil casca de carbono que nos reveste, ou seja, nosso corpo, um dia terá seu fim. Mas a energia atômica que reside em nós, em sua fantástica configuração de interações caóticas e ao mesmo tempo harmoniosas, permanecerá viva pelo sempre do universo. Esta sim é a verdadeira beleza. Somos filhas e filhos imortais das grandes estrelas do tempo e por assim sermos, devemos explandir e iluminar o mundo com o brilho que herdamos do universo.

segunda-feira, 27 de maio de 2024

A Negritude Brasileira

No Brasil ser negro significa ter que dedicar grande parte de sua vida a lutar contra a desigualdade, o preconceito e todas as formas de exclusão que o racismo estrutural impõe sobre negros e negras desse país. Se abaixar a cabeça passa a ser explorado e se torna escravo contemporâneo. Se resolve se organizar e lutar contra o sistema racista é taxado de radical, racista ao contrário, comunista, esquerdista e outras designações afins. Por isso o negro deve estar a postos cotidianamente, lutando pela democracia, buscando a igualdade, sendo solidário com seus iguais, se aquilombando, se rebelando contra as injustiças, estudando sempre, exigindo ser tratado como um cidadão pleno de seus direitos, enfim, compreendendo que a sociedade eurocêntrica, branca e racista, que erigiu o racismo estrutural, nunca lhe oferecerá nada a não ser humilhação, opressão, exclusão e miséria. Desde quando o primeiro navio negreiro aportou por aqui com sua "carga" (des) humana, no século XVI que o povo negro sofre nas mãos do branco colonizador e opressor. A população negra, tanto a escrava e mesmo depois de ser tornada livre, nunca recebeu por parte do estado brasileiro qualquer tipo de reparação histórica pelo hediondo crime de lesa-humanidade cometido contra o povo negro que sofreu durante 350 anos os horrores do cativeiro. A realidade social brasileira sofreu uma grande guinada com a promulgação da famélica Lei Áurea, que decretou tardiamente a extinção da escravidão no Brasil em 1888. Foi um período de grandes sobressaltos, que inaugurou novos experimentos sociais. Período que em tese passou a considerar através de diversos eufemismos a liberdade do povo negro até então submetido ao cativeiro no país. O negro respirava feliz os novíssimos ares de uma liberdade ansiada. Alvíssaras cobriam o país que observava preguiçoso o fim do pesadelo da escravidão. Um país ainda assustado com a nova e inconteste realidade, que a partir de então passaria aprender a viver como uma nação livre da instituição do cativeiro. Mesmo consolidada pelo marco jurídico, a tão sonhada liberdade passou a ser um “estorvo” para a burguesia branca nacional da época, que nutria verdadeira ojeriza pelos "crioulos da terra" e queria vê-los longe do novo país que surgia com a república. A partir de então foi cometido o segundo grande crime contra a população afrodescendente, que foi o projeto governamental de embranquecimento da população brasileira. O projeto foi iniciado através do incentivo à imigração maciça de cidadãos europeus empobrecidos, que receberam do governo brasileiro todas as condições necessárias para refazerem suas vidas, realizarem seus sonhos e prosperarem no novo país “democrático”. Enquanto os brancos europeus e depois os asiáticos chegavam aqui aos borbotões, recebendo todas as garantias possíveis de promoção e desenvolvimento, a população negra recém-liberta, era jogada na sarjeta, como um entulho étnico inconveniente e desnecessário. Foi um movimento premeditado, criminoso e covarde, pois, de um dia para o outro, centenas de milhares de negros e negras se viram em estado legal de liberdade mas ainda infelizmente cativos, por força da ausência de oportunidades de subsistência. O enorme contingente de negros e negras em estado de liberdade foi expulso do território rural onde vivia pelos antigos senhores, quando se pôs em marcha pelas estradas do país buscando uma nova vida. Em flagelos saíram sem rumo, sem eira nem beira, largados e entregues aos sortilégios de uma Lei Áurea covarde e geradora de miséria. Lei inconclusa que se absteve das láureas da glória para se ofuscar ao proporcionar um destino cruel para o povo negro, sem oferecer qualquer tipo de promessas de reparações. A triste odisseia do povo negro em terras brasileiras começou com o primeiro grande crime, que foi o sequestro e a escravização em massa de 5 milhões de negras e negros, trazidos cativos do continente africano. O segundo momento do mesmo crime foi a tenebrosa travessia transatlântica, que ceifou milhões de vidas africanas e alterou inclusive a rota migratória milenar dos tubarões, que passaram a seguir os navios negreiros sabendo que se alimentariam de carne fresca dos corpos que eram atirados ainda vivos dos navios, por motivo de doença, rebelião ou então logo após o falecimento. O terceiro momento foi o estabelecimento do cativeiro no Novo Mundo, onde os escravizados cumpriam o triste destino de trabalhar de maneira forçada, gratuita e extenuante até à morte, sem nunca poderem tocar novamente o Continente Africano de onde vieram acorrentados. O segundo crime foi o abandono por parte do governo brasileiro de toda a população negra que havia sido escravizada e aguardava ansiosa por reparações no pós abolição. Ao não assumir as responsabilidades pelas reparações pelos crimes de lesa-humanidade cometidos contra o povo negro, o governo brasileiro destruiu todas as possibilidades de ascensão e promoção social desse contingente étnico, caracterizando que não foi um acaso ou uma falha geracional que propiciou a miséria que grassa hoje em dia na população negra, e sim um projeto oficial do estado brasileiro, para eliminar lentamente qualquer tipo de soerguimento do povo negro em terras brasileiras. O projeto governamental de branqueamento de nossa população foi apresentado inclusive no Congresso Mundial das Raças, realizado na cidade de Londres em 1911. A delegação brasileira chefiada pelo antropólogo racista João Batista Lacerda, do Museu Nacional, previu ao terminar a apresentação do projeto: "Sur les métis au Brésil" (Sobre os mestiços do Brasil) que com o vigoroso processo de miscigenação que estava em curso no país, através da chegada de imigrantes europeus, dentro de um prazo de 100 anos, ou seja, em 2011 o Brasil teria 80% de sua população composta por brancos, 17% de indígenas, 3% de mestiços e 0% de negros. Baseado em seus estudos, Lacerda garantiu que em 2011 nasceria o último negro brasileiro. Entre a abolição da escravatura e curso do projeto de erradicação do negro brasileiro, houve um abandono proposital da população negra, que foi tornada invisível e deixada de lado pelo estado brasileiro, sem capacitação profissional, analfabeta, subnutrida, sem habitação adequada e não sendo beneficiada por qualquer tipo de política pública de inclusão social e perspectiva cidadã. Sem saber como fazer, mas ao mesmo tempo na emergência de ter que sobreviver, o povo negro passou a ocupar os territórios mais precarizados e periféricos das cidades. Sem o trabalho no campo que era sua especialidade, agora ocupado por mãos imigrantes, o povo negro migrou para as cidades, em busca de qualquer tipo de trabalho que lhes garantisse a sobrevivência, já que mesmo na condição de humanos livres, tiveram a cidadania negada, além de terem sido submetidos propositalmente à invisibilidade social. A população negra nunca pode viver em paz nesse país, que sempre foi notadamente racista. O Brasil enquanto projeto de nação tem suas digitais e seu DNA fundamentados no instituto da escravidão. O resultado dos crimes cometidos contra o povo negro geraram profundas feridas sociais que ainda hoje permanecem vivas e abertas, nos assustando com suas hemorragias voluptuosas e incessantes. Os indicadores sociais da população negra são absurdos e gritantes no que concerne às assimetrias relacionadas ao contingente de população branca do país. Por mais incrível que possa parecer, a generosidade da cosmovisão africana é tão ampla e solidária que consegue internalizar em seus filhos a necessidade da tolerância, do compartilhamento e da convivência pacífica com a mesma etnia que a massacrou durante mais de três séculos Assim sendo, os brancos vão ao samba para se divertir, ao candomblé para se espiritualizar, às rodas de capoeira para treinar, nas manifestações de Jongo em comunidades periféricas, onde são bem recebidos e de lá saem felizes. Porém na direção contrária não querem dividir com os negros os assentos do Teatro Municipal nos eventos de óperas ou música erudita. Assim a banda vai passando e tocando o mesmo trecho da velha rapsódia, onde os negros permanecem sendo secundarizados por um sistema racista, segregador e excludente. Sistema eficiente que promove para os brancos delícias, benesses e privilégios engendrados pela branquitude e respaldados pelo racismo estrutural. Negras e negros no Brasil vivem em constante estado de tensão racial provocado pelo poder imanente dos racismos estrutural e institucional, que nos remetem a sucessivas derrocadas psicossomáticas ocasionadas pelo sofrimento emocional. Enveredando por trilhas fanonianas é bastante previsível que enquanto seres humanos sensíveis, negras e negros sofram a pior das dores que é a presunção de serem considerados renegados dentro de seu próprio país, oprimidos inclusive por leis e discriminações advindas do próprio estado brasileiro, que os tornam vítimas sofridas de uma apatridia violentadora cometida no próprio solo em que nasceram. O Brasil insiste em ser uma nação democrática, mas na verdade vive uma fantasia, uma ilusão constitutiva que violenta sua população negra descaradamente. Impõe aos negros e negras um sistema cruel de desumanidades, que os agride desde a concepção no útero da mãe através da violência obstétrica até ao sepultamento na cova rasa destinada aos miseráveis quando morrem (muitas vezes sepultados como indigentes) no final da vida. Por isso sofrem sucessivos abalos emocionais ocasionados pelas violentas ameaças estruturais, originadas de um sistema amorfo, moldado para segregar e oprimir um contingente étnico considerado inferior, apenas por possuir um percentual maior de melanina em seus corpos. A branquitude nos ensinou a nos odiarmos, sim odiarmos uns aos outros em nossos cotidianos. Nos convenceram que éramos feios, horrorosos. Nos levaram a acreditar que seríamos mais bonitos se alisássemos nossos cabelos crespos. Nos fizeram sentir que éramos aberrações estéticas, incapazes de nos igualarmos a eles que detinham o modelo de padrão de beleza oriundo do helenismo. Sentíamos inveja dos brancos com suas peles brancas, seus cabelos lisos e loiros, seus olhos verdes e azuis, pois nos ensinaram também que esse era o modelo de beleza universal. Sempre fomos humilhados e taxados como descendentes de escravos, incapazes e preguiçosos, filhos de trabalhadores braçais e de profissões ligadas à subalternidade. Sonhávamos e invejávamos a branquitude, o modo de viver branco com boas casas e automóveis reluzentes. Nos maldizíamos pelo simples fato em não ser como eles. Para as crianças e para a juventude negra, o belo sempre foi o branco, o líder é o branco e crescemos com essa certeza ao constatarmos que a escola escolhe a rainha da primavera entre as meninas brancas. A branquitude não para de cometer crimes históricos contra a população negra e esse é um dos mais perversos que existe que consiste na pulverização de nossa autoestima por conta da cor de nossa pele, do nosso cabelo, dos nossos traços fenotípicos e de nossa origem ancestral. A branquitude e o racismo estrutural nos empurraram junto com nossa autoestima para o fundo do abismo da auto rejeição e da não aceitação enquanto pessoa, e por lá nos manteve durante três séculos. A não aceitação em ser negro faz os negros abastados economicamente, buscar mulheres brancas para casar. São diversos sentimentos embutidos nessa opção que muitos consideram errática e discutível. Pode ser por amor, por atração física ou os dois juntos. Mas também pode ser por auto promoção, para ser reconhecido amado e aceito pelo mundo branco. Falam em atração dos opostos e realmente esta opção existe. Mas não é tão comum uma mulher branca e rica se casar com negro pobre. Obviamente que existem exceções, mas são em gradações tão infinitesimais que são desprezadas pelas pesquisas. Geralmente os casamentos ou uniões inter-raciais acontecem entre negros bem sucedidos economicamente e mulheres brancas pobres (geralmente loiras). A questão colocada é oriunda da interrogação que não pode calar e grita abertamente sobre o porquê de negros que ganham muito dinheiro não fazem a opção pelas mulheres negras? Talvez porque mesmo que saídos do ventre de uma delas, não queira se ver através delas e nem desejam passar a vida ao lado delas, pois na verdade, devido ao seu espírito deformado pela branquitude, se depara com um espelho onde não gosta de se ver. O racismo se entranhou de tal forma em sua personalidade, que ele rejeita sua própria imagem no espelho, indo se olhar em um espelho que reflete um mundo que o despreza, que o vê como inferior, mas mesmo assim ele insiste em sua jornada equivocada, ancorada em vergonhosas clivagens sociais amparadas em frágeis sofismas. A força da empresa colonial foi pródiga em demonizar as culturas de seus territórios colonizados, caracterizando-as como manifestações barbaras e até demoníacas. As religiões de matriz africana nunca invadiram países ou promoveram morticínios em nome de seus deuses. Esta sempre foi uma prática cometida pelo cristianismo, promovendo matanças e genocídios históricos como as cruzadas em Jerusalém, a Ordem de Cristo com seu projeto de apoio às grandes navegações e colonização nos territórios do Novo Mundo, além da cruel Inquisição da Igreja Católica, que durante a Idade Média executou milhares de inocentes, principalmente judeus e mulheres, sempre em nome de Cristo. A força e o poder do cristianismo são tão grandes que por mais incrível que possa parecer, o Candomblé e a Umbanda passaram a ser as religiões acusadas de possuírem pacto com o diabo, de serem cultos demoníacos e até sexualizados. A branquitude com seu poder de controle midiático faz a população acreditar nisso através dos meios de comunicação e em seus púlpitos. Então o jovem cuja família professa uma religião de matriz africana é obrigado a esconder sua opção confessional por conta do patrulhamento do cristianismo nas escolas e nos espaços sociais de lazer. Apesar do catolicismo ter sido abolido como religião oficial do Brasil na Constituição de 1891, instituindo o estado laico, ainda podemos ver, mesmo 130 anos depois, a cruz de Cristo pregada nas paredes de tribunais e outras repartições de estado. Nas escolas públicas é comum a celebração do Pai Nosso com os alunos formados antes de se dirigirem para suas salas de aula. O proselitismo cristão contribuiu de maneira impositiva para a derrocada da autoestima da juventude negra. Ao se professar um credo onde os santos em sua imensa maioria são brancos, onde o Filho de Deus é branco e o próprio Deus é branco, onde reina imponente nos céus cercado por anjos brancos. Fica evidente que a cor negra não está lidada à santidade e sim ao vício e ao pecado. Os setores mais conservadores do cristianismo alegam que a pele preta é o sinal que Deus colocou em Caim, após ele matar seu irmão Abel, para que com esta marca todos os seus descendentes pudessem ser reconhecidos em qualquer lugar da Terra. Fica difícil ser verdadeiramente feliz quando se é considerado a parte fracassada da sociedade, que adoecida, opera através da inversão de valores, abandonando a cooperação e visando a competição, onde a supremacia dos brancos sobre a população negra torna a com petição extremamente desigual. O resultado é dor e sofrimento, pois o negro, desde quando acorda até ir se deitar para dormir é um ser em fuga do seu próprio destino, que não lhe oportunizou a felicidade do orgulho dos valores de sua ancestralidade. Por isso vive titubeando em um panorama existencial difuso, criado pelo oportunismo covarde e excludente que é a branquitude, emulada pelo capitalismo concentrador. No Brasil o desemprego, a sub cidadania, a ausência de educação de qualidade e a oferta de um sistema de saúde precarizado são o carro-chefe da sub cidadania, aliando-se também o meio-ambiente deteriorado, o encarceramento em massa, além da necropolítica e proximidade com a morte, são as sombras que permeiam o horizonte assustador, que invariavelmente paira durante toda uma vida do povo negro. Por mais que a cama seja confortável, não há condições para dormir em paz, pois o chamado ancestral não permite e nos retira do sono para nos lembrar que há uma guerra a lutar. Não seremos um titanic antropológico que insiste em navegar na direção do grande iceberg que é o capitalismo voraz das economias centrais. Capitalismo que se apropriou de nossos corpos e mentes e poderá nos destruir causando nosso naufrágio nos mares traiçoeiros do mundo branco. Para nós negros poder acordar e viver um novo dia já é uma grande vitória. Nosso sangue escorre impunemente pelas ruas e vielas das periferias das cidades sem alma e sem coração. A visão de corpos negros descompostos, esquartejados, crivado de balas faz parte do cotidiano escabroso da necropolítica que alegra e encanta a burguesia branca. Elite feia, cafona, sem cultura e cruel que nos detesta e nos quer ver bem longe de seus espaços. Para a elite branca brasileira quanto mais negros perderem a vida será melhor, pois assim o estado está reduzindo o percentual de população negra do país. Bradam em uníssono que bandido bom é bandido morto, mas não refletem sobre o porquê da existência do bandido. Qual o fenômeno social que gera o bandido. Qual o meio ambiente em que o bandido nasceu e foi criado. Quais foram as possibilidades de promoção social e redução de vulnerabilidades que ele recebeu. O que o estado brasileiro ofereceu para aquele ser humano desvalido ser um cidadão produtivo e dotado de todas as prerrogativas e ferramentas sociais e cognitivas que lhe permitisse superar os óbices do impostos pelas regras disformes do mundo branco? Não pensam em solucionar o problema social, quando é muito mais cômodo mandar eliminar e se livrar da matéria enterrando os corpos. Apesar do panorama social trágico gerado pela necropolítica e pelo controle dos corpos oprimidos à exaustão, a burguesia abusando do cinismo social consegue ganhar muito dinheiro com todo esse caos social. Tanto pode ser pela corrupção, como pelo abastecimento enlouquecido dos equipamentos necessários para os aparelhos de repressão de estado. Então ao negro restou o samba como espaço de socialização. O samba esse grande patrimônio nacional, que gera bilhões de reais para o país nos 365 dias do ano. Uma manifestação cultural que possui uma cadeia produtiva gigantesca que gera muito dinheiro. Costumamos assistir somente a ponta do processo da cadeia produtiva que são os grandes eventos como os desfiles e ensaios das escolas de samba e blocos de rua, que arrastam milhões de foliões pelas ruas e avenidas do país. Por trás dessa culminância há um esforço gigantesco para que tudo aconteça, onde atividades como estúdios de gravação de músicas, fabricação de instrumentos de percussão, chapelarias e fábrica de calçados, produção de adereços e fantasias, construção de carros alegóricos com ferreiros e especialistas em fibra de vidro, resinas, isopor, indústria de efeitos especiais, transportes, hotelaria, milhões de vendedores ambulantes, indústria de bebidas, equipes de rádio e televisão, comentaristas e imprensa especializada, comercialização de direitos musicais e de imagens, contadores e advogados, seguranças, viagens mundo afora, enfim, uma cadeia produtiva monumental que gera trabalho e renda o ano inteiro no Brasil e também no exterior. Mas quem comanda esse grande império do samba e do carnaval? Os brancos obviamente. Mas como pode ser, se os negros foram os que começaram com toda essa maravilha cultural? Sim, começaram e sofreram todo tipo de perseguição durante décadas. Sofreram na carne e inclusive com prisões e torturas, por insistirem em praticar o samba. Desde a casa da Tia Ciata até o governo Getúlio Vargas os negros passaram por intensos períodos de perseguições quando foram colocados em conflito com a lei somente pelo fato do samba ser uma manifestação da cultura negra e rejeitado pela cultura branca cosmopolita da época. Quando o samba deixou de ser perseguido, a branquitude finalmente encontrou uma brecha, um grande nicho para fazer fama e fortuna com a exploração da atividade cultural. Hoje podemos assistir os brancos comandando o samba e o carnaval enquanto que os negros se tornaram componentes secundários e até escanteados em alguns casos. Por mais incrível que possa parecer as próprias baterias das escolas de samba que sempre resguardaram a herança atávica e ancestral dos tambores africanos e dos orixás, passaram a ser precedidas por mulheres denominadas rainhas de bateria, louras siliconadas e marombadas, que pagam uma fortuna para ocupar o posto, antes um lugar que historicamente sempre pertenceu às mulheres negras das comunidades periféricas onde as escolas de samba realizavam seus ensaios. Seguindo em frente na mesma direção podemos ver a perseguição ao funk e ao hip hop, por parte da sociedade branca racista. Essas manifestações culturais são a forma da juventude negra se comunicar musicalmente com a sociedade. É a voz das periferias, das comunidades, de negros e negras que não possuem condições políticas de manifestar seus descontentamentos com o racismo e o abandono por parte do estado. O movimento de apropriação do funk e do hip hop pela branquitude já começou. Em um futuro bem próximo assistiremos o mesmo movimento de apropriação cultural. A capoeira sofreu o mesmo destino do samba, depois que passou a ser considerada um esporte com inclusão inclusive nos currículos escolares de algumas unidades escolares. Hoje a capoeira está consolidada em todo o planeta com seus mestres loiros de olhos azuis vicejando a arte marcial negra nos principais palcos do mundo. Porém, em um passado não muito distante, entre os anos de 1889 a 1937 o governo manteve na vigência no Código Penal a Lei da Capoeiragem, que previa a prisão dos praticantes da capoeiragem, além do castigo físico de 300 açoites. Nossa história é recheada de protagonismos e usurpações. A branquitude nos observa e fica pensando no melhor momento de se aproveitar do resultado de nossos talentos e ganhar dinheiro com a atividade. É como chupar a cana extraindo a doçura do seu caldo e depois jogar o bagaço fora, no caso o bagaço somos nós. A história das grandes cidades demonstra que há uma guerra civil em curso, que ceifa em torno de 60 mil vidas pretas todos os anos, terminando com os sonhos de uma juventude que em sua curta existência só conheceu a indiferença, a violência e o desamor em uma vida corrompida e miserável. A corrupção estatal depende e se sustenta através dessa guerra para fazer girar a roda da fortuna. O negro famélico que segura o fuzil na comunidade é um pobre fantoche de um enorme teatro de horrores. Ele é a base da pirâmide do mundo do crime, sendo considerado um joguete, uma peça do estoque étnico descartável que é a juventude negra. Os donos da dinheirama gerada pelo narcotráfico vivem de maneira nababesca em confortáveis mansões, cercados de luxos e advogados, contando o dinheiro que chega aos borbotões em suas mãos, ocupam postos parlamentares no Poder Legislativo e muitos até chegam ao Poder Executivo eleitos prefeitos e governadores. O pretinho do fuzil na comunidade não pode estudar, pois a ditadura cruel do seu cotidiano lhe diz que precisa aprender somente a linguagem da violência que é sua companheira inseparável. Foi educado e sabe que para sobreviver precisa fazer dinheiro para o seu “patrão”. Por isso as penitenciárias estão repletas de negros e negras, o sistema mantém o projeto de precarização étnica e lucra bastante com isso. Para a elite é o jogo do ganha/ganha, enquanto que para o povo negro só tem a opção do perde/perde. Estamos na luta contra todo esse horror institucional e não sairemos das trincheiras, não arredaremos pé, nelas não se dorme e o combustível que nos mantém alerta e combativos é o cheiro do suor de irmãs e irmãos que lutam ombreados e aquecidos com a chama da liberdade. É uma guerra longa, oriunda dos tempos imemoriais, de onde viemos vencendo batalha por batalha, conquistando e fincando a bandeira da justiça em territórios antes interditados aos negros e negras. Assim foi com as cotas nas universidades, nos espaços privilegiados de governo, nos parlamentos e na sociedade de uma maneira geral. Somos filhos da grande África, o berço da humanidade e da civilização, onde a caminhada humana sobre o planeta Terra teve início. Infelizmente só podemos contar com nós mesmos, pois não há atualmente qualquer tipo de devir civilizatório onde o povo negro possa estar incluído ou quiçá considerado protagonista, que não tenha sido eurocentrismo nos tirou tudo isso com o colonialismo e a escravidão, mas estamos lutando para recuperar nossa história, nossa cosmovisão e nossa espiritualidade. Estamos erguendo cada vez mais nossos monumentos, tijolo por tijolo, felizes e esperançosos com o lindo amanhecer que nos aguarda logo ali adiante em um belo alvorecer da história, conquistado com muita luta. Não somos vistos como referência histórica afirmativa enquanto construtores de um projeto de futuro de nação. O

domingo, 19 de maio de 2024

Psicanálise, desejos e sofrimentos do povo negro

Dukkha é uma palavra originada do sânscrito que dentro da complexidade epistêmica do budismo significa a "Nobre Primeira Verdade", mas também desalento,  tristeza e sofrimento. Há uma interessante dialética entre desejo e sofrimento, onde de uma maneira bem simples a eliminação do sofrimento é diretamente proporcional à eliminação do desejo. Dentro das Quatro Verdades do budismo podemos observar que o sofrimento está diretamente ligado aos desejos do corpo físico tanto como nas ilusões das paixões mundanas.

São abordagens instigantes que desafiam nossas reflexões de acordo com  Epicuro, o "Filosofo do Jardim", que afirmava a necessidade da compreensão da Filosofia para curar o ser humano das dores da alma, assim como a Medicina traz a cura para quase todos os males do corpo físico. Epicuro também aborda em sua extensa obra a dialética entre desejos e sofrimentos, criando uma espécie de doutrina que foi citada inclusive por Karl Marx como forma de edificação humana.

Na entrada do Oráculo de Delfos, localizado na Grécia Antiga, pontificava uma citação que dizia: “Conhece-te  ti mesmo”. A expressão lastreou o pensamento socrático na estruturação e consolidação da filosofia ocidental, seguida por Platão e depois principalmente por Aristóteles. Conhecer a si mesmo é um desafio instigante que está contido em nossa personalidade, onde o eixo axial está profundamente ligado aos nossos desejos e sofrimentos. 

O ser humano negro contém em seu ethos constitutivo um mosaico extremo e radicalizado de desejos e sofrimentos. Seus desejos são justos, como justos são todos os desejos contidos no espectro de regulações das internalidades humanas. Porém, seus sofrimentos são terríveis e produzem sussurros assustadores em sua existência. A obra  de Franz Fanon, psiquiatra martinicano e líder da luta anti colonial africana, apresenta um panorama perturbador acerca dos recônditos do âmago da alma negra. O povo negro foi vítima inconteste de incontáveis perversidades e abusos mentais cometidas pelo colonizador branco europeu durante séculos, que geraram seres oprimidos e esvaziados de suas personas.

O desejo do negro é diferente do desejo do branco. O desejo do negro é um sonho, uma quimera, enquanto que os desejos dos brancos são metas factíveis, que podem ser alcançadas se houver um planejamento de vida eficiente dentro da lógica estrutural do capitalismo. 

Para o negro sonhar e desejar, significa acalentar uma panaceia, ou seja, viver tentando alcançar uma possibilidade muito distante de sua realidade devido ao seu componente étnico. O mais cruel é que além de ser impossível para a grande maioria negra,  ela geralmente não sabe que é impossível, pois foi  convencida do contrário e de maneira bastante eficiente pelas trucagens da branquitude racista e preconceituosa. 

O racismo estrutural age com o negro da mesma maneira que um gato faz ao brincar com um camundongo pego de surpresa em suas incursões furtivas nas noites cotidianas de uma casa qualquer. O bichano encurrala e prende o rato, joga-o de um lado para o outro, prendendo e soltando, em um jogo sádico e cruel. Sua inteligência felina age criando a falsa imagem de possibilidade de liberdade para o roedor. Ledo engano, na verdade está divertindo-se curiosamente, testando suas habilidades atávicas, jogando com o camudongo ao seu bel prazer, quando então enfastia-se do jogo e tira a vida do já desinteressante ratinho, com requintes de crueldade.

O ser negro vive e morre preso a desejos que infelizmente lhes causarão dores e sofrimentos por toda a sua existência. São desejos comuns do campo material do mundo branco como frequentar bons restaurantes, adquirir um imóvel confortável, possuir um bom carro, sair de férias com a família, conhecer outros países,  amar e ser amado sem o interdito da cor, ver os filhos estudarem em boas escolas, ter boas roupas e um saldo confortável na conta bancária, enfim, desejos praticamente impossíveis de serem realizados pelo interdito da origem, que ao não serem realizados geram dores e sofrimentos.

O capitalismo e sua estrutura econômica eurocêntrica, baseada no consumo excessivo e na sede de acumulação e apropriação, leva os seres humanos a se desesperarem de forma incontrolável, estimulando a população ao desejo de aquisição de ícones pessoais que representam prestígio e poder na pirâmides sociais das sociedades capitalistas. O negro nunca foi considerado agente protagônico e tampouco partícipe desse processo evolutivo econômico. Sempre foi visto como um penduricalho social indesejável, uma aberração antropológica incapaz de construir modelos de desenvolvimentos produtivos de amplo espectro.

Ao ser alijado do sistema produtivo enquanto agente intelectual não-emulador, foi relegado à condição de mero trabalhador braçal escravizado, para então ter o desejo de sonhar apenas com a sua liberdade. Seu único desejo passou a ser a conquista da liberdade onde não pensava em família, filhos, educação e futuro, só desejava a liberdade. O sonho de liberdade, passou a ser seu horizonte de vida, horizonte  para o qual quanto mais caminhava em sua direção, mas esse horizonte se afastava, causando desespero e ódio aos que lhe impuseram essa condição indigna. Muito pouco para um branco mas era tudo para um negro sequestrado em seu país e escravizado em outro continente, respirar os ares da liberdade.

O destino reservou ao povo africano a má sorte do contato com o branco europeu. Desde o fatídico encontro, passaram a viver desgraçadamente em um vale de lágrimas, onde o simples fato de estar vivo era para o negro um sinal de bem aventurança. O negro era profunda interrogação de como ser feliz, existindo em uma dimensão tão reduzida e míope de desejos. 

Imerso no caldeirão efervescente do colonialismo, passou então a ricochetear entre as nobres verdades do budismo, a cosmovisão africana, as construções das pesudo teorias eugenistas como a Frenologia e o materialismo dialético e histórico de Karl Marx. A reflexão dessa existência torna-se difusa quando analisamos comparativamente o estreito escopo de desejos de um ser humano negro escravizado, com uma pessoa branca e a formidável amplitude do cardápio de desejos postos à sua disposição. Em tese o negro deveria ser mais feliz, pois não era cativo de tantos desejos, mas pelo contrário, mesmo despido de quase todos os desejos que uma pessoa branca possa  possuir, tornava-se triste e sem esperanças por dias melhores. Seus sofrimentos eram gigantescos, mesmo tendo somente um desejo primordial que era sua liberdade.

Durante 388 anos negras e negros foram escravizados no Brasil. Foram desumanizados, aviltados, violentados de todas as maneiras possíveis. Eram apátridas considerados sem alma em seu próprio país. Eram vistos como seres pestilentos, como espectros ambulantes que não podiam usar sapatos para que sua inferioridade fosse demonstrada. Viveram suas vidas sendo tratados como animais e às vezes recebiam tratamento inferior ao que os animais recebiam.

Qual é a filosofia? Qual é a Psicanálise? Será que existe Freud e Lacan para negros e negras? Quais as bases e fundamentações teóricas que embasaram esses doutrinadores eurocêntricos? As dores do cativeiro eterno cabem na teoria psicanalítica branca? E os desejos de quem não tem direito a ter direitos? Os sofrimentos de que não possui horizontes serão compreensíveis?

São dois mundos que vivem e compreendem duas realidades diferentes. O suave mundo branco se sobrepondo ao aspérrimo mundo negro. Sorrisos brancos doces pontificando felicidades enquanto cruzam com  olhares negros opacos e amargos, que durante toda uma vida nunca foram bafejados pelo sopro da ambrosia.

O povo negro segue sua caminhada em seu triste fado de ter que lutar contra a ignorância dos sistemas excludentes e preconceituosos gerados pela alma branca. Enquanto os desejos e sofrimentos dos negros estiverem conectados às matrizes psicanalíticas e às construções sociais eurocêntricas, os negros estarão entregues à propria sorte como sempre estiveram. A alma branca não consegue sentir as dores da alma negra pois nunca esteve e nunca estará neste lugar difuso e solitário, desesperador e conturbado que é o espírito humano do negro de ancestralidade escravizada.

Os negros não têm outra alternativa a não ser seguir em frente na estrada da vida que está repleta de placas de sinalização proibindo todos os seus movimentos e opções. A estrada foi planejada para o povo branco, que nela desfila feliz com seus carrões espirituais, enquanto a massa negra segue também por ela, sofrendo a dureza da travessia, relegada ao acostamento com suas toscas  bicicletas existenciais.

sexta-feira, 17 de maio de 2024

O Eu Negro em Estilhaços

Eu negro quando me olho no espelho costumo não gostar do que vejo. Meu eu negro se reflete em incontáveis estilhaços, em uma grande entropia de cristais sediciosos, que representam o desmonte de minha estranha e inconstante psiquê.

Me eu negro quando se reflete no espelho, traz consigo uma carga imensa de sofrimentos ancestrais. Em cada estilhaço se refletem dores primordiais da alma negra, vilipendiada, violentada, flagelada e crucificada, após uma ultrajante e pérfida via crucis antropológica.

Quando meu eu negro defronta-se diante do espelho estilhaçado, tenta se reconhecer em meio a tantos eus disformes e assimétricos. São ‘não eus’ que se recusam a compor minha verdadeira alteridade física e emocional, como o instrumento desafinado em meio a uma maviosa orquestra sinfônica. Não consigo estabelecer um acordo com meu eu no espelho estilhaçado, porque além da recusa diante da impossibilidade normativa, há uma realidade distópica atuando em moto contínuo que não abre espaço para concertações humanas.

A triste saga do meu eu negro carrega consigo as cicatrizes de batalhas atávicas memoráveis. Traz o luto antropológico e a perversão do cativeiro que cruzou o mar salgado mil vezes com as ondas frias batendo em minha alma. Tantos porões desumanos no ventre dos navios negreiros, prenhes de dores e hostilidades. Tanto mar...tanto mal. Tanto sofrimento que durante séculos de indignidades humanas, formatou um sísifo existencial, que exaure minha mente nas infinitas e contínuas escaladas dos rochedos do existir.

Meu eu negro permanece no espelho em estilhaços, vive uma teogonia voltada para o lado humano, que passou a compreender o destino que sempre cumpriu, sempre preso a uma hermenêutica kantiana construída pelo proselitismo caucasiano, que insiste em apagar e destruir minha cosmovisão ancestral, multicultural e pluriétnica. 

Meu eu negro insiste em se descobrir humano, em um mundo alienígena de reflexos inumanos e hostis. A visão se torna turva diante de uma falsa deidade controladora de sociopatas eugênicos. O cansaço de conviver com esta metafísica canhestra me faz caminhar lento e claudicante, curvado pelo peso da vida por vielas tortuosas de um mundo sem vida e decadente. 

É assustador ver e não se reconhecer inteiramente como parte de um mundo que se expressa através da fenomenologia de Heidegger onde o "ser e tempo" mata e revive a metafísica, construindo e reconstruindo a maneira de ver o mundo negro sob o olhar negro.

Para qual mundo negro se deve seguir emancipado ou somente seguir com a manada, até o destino final? Apagar o passado soturno e varrer para debaixo do tapete os restolhos cínicos que os déspotas nos atiram. São migalhas humilhantes que apontam e ressignificam a miserabilidade que gradua as malditas diferenças fenotipicas do colorismo.Viver eternamente no porão da vida enquanto os capitalistas poderosos refestelam-se em suntuosos palácios às custas do nosso sofrimento. Viver em desgraça é a sina que os brancos racistas determinaram para o nosso povo negro.

Interrogações seculares que permanecem, me cobram através dos reflexos do espelho. Os estilhaços me atiçam em chamas, cobrando um modo de ação carbonário e revolucionário. Gritam em meus ouvidos, sangram meu corpo, esmagam os recônditos de minha alma. As interrogações são bárbaras e desumanas. Partem dos estilhaços do espelho como raios certeiros, tendo como alvos principais o coração e a alma negra. Penso em deixar tudo para depois sabendo me engananar, assim como as mães fazem ao dizer para o filho insistente ao pedir uma guloseima: “na volta a gente compra”. Sim, na volta talvez eu lute, na volta talvez eu sorria, na volta talvez me encontre.

O encontro metafísico do ser humano consigo mesmo, certamente ocorre através do desejo e da conquista da liberdade. A liberdade porém não é um constitutivo natural da alma humana, mas é também componente da realidade, da concretude do momento e do existir, em caminhar livre pelo mundo.

A liberdade é um estado que reside na dimensão do sentir, do desejo, da glória da conquista, da sublimação e do protagonismo dentro de um tempo histórico. Portanto a liberdade reside na existência de seres humanos históricos, protagonistas da história, e os negros brasileiros nunca foram convidados para dançarem nos bailes da vida para desfrutarem de uma revigorantecontradança.

Viver apartado da verdadeira liberdade, a liberdade dos vencedores, dos conquistadores, daqueles que escreveram e escrevem a história é uma carga sobre humana que preciso carregar. Minha voz não ecoa no mundo branco e continua sendo ouvida com descrença e desesperança no mundo negro. Certos brancos me ouvem com alguma curiosidade, como se estivessem participando de um experimento antropológico exótico. Esperam ansiosos que eu fale de samba, futebol e carnaval, enquanto ensaio Cheik Abra Diop, driblo  com Abdias do Nascimento e faço lindos gols através de Lélia Gonzalez e Patrice Lumumba.

As dimensões permitidas que nos legaram, enquanto seres humanos ávidos e protagonistas por visibilidade, ficaram restritas ao samba e ao futebol, aos tambores e à bola. Somos os espectros civilizatórios de um continente bárbaro, segundo eles. Somos a escumalha que empreteceu a população brasileira para horror dos eugenista tupiniquins. Somos aqueles e aquelas que são confinados nas senzalas contemporâneas que são os quartinhos de empregada, onde purgamos nossa subalternidade entre quatro paredes sufocantes sem janelas.

A branquitude adora quando bradamos que o negro é lindo, que façamos gestos que significam o poder negro. Nos apoiam em todas essas coisas e depois vão ao concerto erudito nos teatros municipais da vida e nos entregam os utensílios necessários para que lavemos suas latrinas imundas.

Obviamente que estamos avançando. Eu mesmo aqui ousando escrever, me desafiando no mundo das letras, pequeno e pobre escritor negro, tentando viver a liberdade que observo nas entrelinhas do papel, pelas tímidas frestas  que impulsionam meus desejos no desafio das páginas em branco. 

Mas quanto mais escrevo mais me desespero. Quanto mais escrevo mais me descubro e redescubro minha localização errante na vida, que grita em meu âmago que devo ser forte, que devo ser livre, pois somente assim poderei ajudar os meus irmãos e irmãs que vivem no mundo da ilusão ou na ilusão do mundo. Esses irmãos e irmãs são as pessoas mais importantes para mim, pois sem eles nas trincheiras ao meu lado, minha luta em prol da liberdade verdadeira não tem o menor sentido.

Os negros escravizados no Brasil eram proibidos de usar sapatos. Podiam até usar roupas vistosas como era comum no caso dos escravos de ganho e nos serviçais da casa grande. Porém sempre descalços, para sentir a aspereza dos caminhos, para viver sabendo ser inferiores, para compreenderem que eram os derrotados da Terra. Viver uma vida inteira descalços era a maior demonstração de humilhação e ausência de liberdade possível. Paulo da Portela em meados do século 20 tornou famosa uma metáfora que dizia que o negro deveria se esmerar ao se vestir e estar sempre 'com o pescoço e os pés ocupados', utilizando sempre que possível gravatas e sapatos. Via nesses acessórios um sinal de emancipação civilizatória no mundo eurocêntrico, de respeitabilidade e liberdade para a população negra.

O espelho hoje apresenta alguns estilhaços virtuosos. A cada dia que passa mais jovens negros adentram ao ensino superior, modelando lentamente uma sociedade do futuro mais heterogênea e democrática. São conquistas que além do valor e do esforço individual do ser negro, requisitaram duríssimas batalhas ao movimento negro em confrontos memoráveis contra o racismo estrutural brasileiro. Nossas conquistam são lentas, pois apesar da urgência de nossas emergências, somos submetidos a um judiciário branco, machista e racista. Nosso judiciário é a tal praia onde os negros nadam...nadam e morrem na praia. O Congresso Nacional possui o mesmo perfil eurocêntrico e excludente do judiciário. O racismo estrutural segue transformando a vida da população negra em um verdadeiro inferno, ao legislar continuamente contra leis já aprovadas,  em súmulas que estabelecem direitos através de algumas poucas ações afirmativas, em decretos que propõem mecanismos de correções de diversas assimetrias raciais históricas.

O resumo da existência negra no Brasil está contido na ausência de liberdade. Na verdade é uma retroexistência lastreada pela xenoafetividade endêmica que remonta aos tempos de cativeiro do período colonial. Nossa imagem no espelho nos pede socorro, pois nossa velocidade de avanço social é menor que o avanço do racismo em recrudescimento. Precisamos pensar ativamente na verdadeira liberdade, na honestidade epistemológica do nosso existir sem as cercas ladeadas da branquitude. Precisamos caminhar na direção do futuro sem temer o pôr de sol esmaecido que o racismo estrutural sempre nos apresentou como um horizonte lindo, fulgurante e libertador.